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domingo, 30 de agosto de 2009

El Orgullo del batey Algodón


De vez en cuando queremos contar de forma distinta lo que ya contamos. Escribí este reportaje para CLAVE, pero quise reescribirlo con la libertad que da la ausencia de una fecha de cierre. Espero que como a mí, a ustedes les conmueva esta historia que encontré en el Batey Algodón.



Esta historia comienza con una alfabetizadora que no sabe leer ni escribir. Finaliza la década de 1980.

Una tarde cualquiera, debajo de un árbol, la maestra enseña español a un grupo de niños de distintas edades, cerca de las barracas donde viven apiñados trabajadores del azúcar. Entre el grupo, corretean dos pequeños que se convertirán en el orgullo del batey Algodón, en los dos primeros médicos oriundos de aquí.

Pero, esperen, de los “doctores” hablaremos en un momento. Ahora estamos detenidos en los ojos de Hilda Pérez, la peculiar maestra. Desde la puerta de su destartalada casa de madera, ella vuelve a vivir aquella época. Como hoy, alrededor del batey sólo hay matorrales, cañas y polvo. La carretera que conduce a Barahona, en el Suroeste dominicano, casi cruza por encima del caserío.

Junto a Hilda, a través de sus recuerdos, estamos en esta aula al aire libre, debajo de un árbol. El único recurso didáctico importante es una radio que transmite un programa de alfabetización. Hay además unas cuantas páginas, con las cuales la profesora intenta desenmarañar, también para ella, el significado de las letras.

Por los callejones del batey vemos, a través del recuerdo triste de Hilda, a los niños desnutridos, a los ex trabajadores del ingenio desempleados, a los jóvenes con sus planes de emigrar a Santo Domingo a trabajar en la construcción o en el servicio doméstico. Son descendientes de haitianos de segunda o tercera generación en una República Dominicana en crisis.

Luego, ella para de contar, de vivir en las nostalgias que le ha traído esta conversación. Reflexiona en el hecho de que en esa época la vida aquí era aún más dura. Y esto es mucho decir en una comunidad que aún ahora necesita que se construyan letrinas en muchos de sus hogares.

A pesar de las tristezas es una persona alegre. Por un momento ríe a carcajadas recordando su propia audacia “¡Yo le digo a usted la verdad, yo era una profesora analfabeta, lo que ellos iban aprendiendo, lo aprendía yo también!”

De regreso al presente, con una mirada cómplice a su marido Jusni Franciani, Hilda habla orgullosa de esos hombres jóvenes que pasaron por sus manos de maestra, de esos estudiantes de término de medicina que para ella todavía son muchachitos.

Uno de ellos, Pedro Antonio Jiménez, estudiante de término tenía en 1989, apenas cinco o seis años. Fue uno de los últimos escuchas de la alfabetización por radio en la provincia. Un chiquillo curioso que a través de ella se aproximó a la enseñanza.

El otro, Charison Yan Féliz, actualmente “médico interno” se alfabetizó casi por completo gracias a la voluntad de Hilda. “El donde quiera que va lo dice, que sus primeras enseñanzas fueron con RADECO (programa radial de educación radiofónica)”.

Hilda, está feliz. En unas cuentas horas, Pedro, uno de sus muchachos llegará al batey desde la Universidad Central del Este (UCE) en San Pedro de Macorís. Charison, su otro orgullo, no irá, porque debe hacer guardia en un hospital de Santo Domingo.

La promesa en el batey. Cuando Pedro llega, camina, como de costumbre, por todos los rincones del batey, donde la vida transcurre con pocas novedades, excepto por las tristes noticias de la pobreza que a nadie asombran por aquí.
Al saludar a un grupo de vecinas, se percata de que un niño de once meses que juega en el suelo sufre de una desnutrición crónica. “Hay que desparasitarlo y luego darle alimentos, porque no se gana nada con darle una medicina y que siga en el suelo y no coma", comenta.

Pedro es un sobreviviente de esta realidad. Los estudiantes de medicina lograron cursar su carrera de medicina en la UCE, gracias a una beca otorgada por la organización Niños de las Naciones, pues las familias, atrapadas en la pobreza, no tienen suficiente dinero para costear sus estudios.

Cuando Pedro continúe recorriendo los callejones, se enterará de otra noticia triste, pero asimilada con resignación en un lugar donde uno de los mejores sucesos del día puede ser un plato de arroz con una taza de habichuela y un poquito de carne.

El mes pasado cuatro niños de los aproximadamente 13 pequeños que buscan- para sobrevivir- aluminio y cobre en un vertedero ubicado a unos tres kilómetros de Algodón, estuvieron a punto de morir por consumir un salami caducado que encontraron en la basura.

Marino Féliz, de 13 años es una de las víctimas. Es hijo de Francia Deguizan quien, según cuenta, vive con su marido, cuatro hijos y otros nueve muchachos en una casa de apenas tres habitaciones.

El pequeño vende cobre y aluminio a unos conductores de camiones que pasan por la carretera que conduce a Barahona o a un hombre de su comunidad llamado Néstor Patricio Guzmán (Hari) que, según cuenta vende el material a otros compradores. Con el dinero que obtiene, compra chucherías para él y de vez en cuando le da dinero a su mamá.

Francia debe mantener la casa donde conviven unas 15 personas con un salario de RD$3,000 que gana como conserje en un país donde la canasta básica ronda en promedio los RD$18,000. De vez en cuando, su marido llega al hogar con RD$150 que obtiene como jornalero en predios agrícolas del pueblo de Fundación. Otras veces, su hermano, quien le dejó dos hijos a su cargo, envía algún dinero desde la capital, donde trabaja en la construcción. "El día que encuentro el arroz los muchachos se lo comen, el día que no jallo na, se queda así", dice resignada la mujer.

Su niño habla de un sueño para escapar de la necesidad: ser pelotero. Mira al estadio improvisado donde los muchachos juegan, hablando creole, hablando español, a ser como el toletero de grandes ligas David Ortiz.

Historias de coraje. A pesar de sus pesares, este niño tiene más suerte de la que han tenido los estudiantes de medicina que hoy son el orgullo del batey. No tiene que, como ellos, caminar cuatro kilómetros cada día para ir a la escuela básica en Palo Alto, pues desde 1998 hay una escuela primaria en el batey Algodón.

Luego de la primera alfabetización radial, los futuros médicos terminaron la educación básica a fuerza de caminar cuatro kilómetros al día, cuando no había dinero para pagar el transporte, es decir, casi a diario. "A mí no me gustaba la escuela, mi mamá todos los días salía con un palo para obligarme a ir. No me gustaba porque tenía que caminar a pie y como mi mamá trabajaba, a veces cuando volvía no tenía comida hecha", comenta Pedro, a carcajadas, mientras mira a su hermano Joel Antonio, quien trabaja como chófer en el consorcio azucarero.

Durante la educación primaria, su hermano fue mejor estudiante, pero finalmente decidió dejar los estudios para trabajar.

Además de estas dificultades, Pedro tenía que enfrentarse con la discriminación, que lo tocaba como bateyero y como descendiente de Bertha García Joseph, una mujer domínico-haitiana. "Los muchachos de los otros pueblos nos decían haitianos, bateyeros, cuando íbamos a la escuela, cuando jugábamos y uno siendo niño no entendía bien esas cosas, ahora no me importa", dice.

Contra el entorno. El pastor evangélico Desiderio Corniel, padre del “médico interno” Charison, cuenta que para que su hijo fuera a la universidad, hubo restringir el gasto de la casa, porque la beca no le era suficiente para tener una vida sin estrecheces.

"Yo les digo a los muchachos de aquí que aprendan, que estudien para que no sean como uno, que la azada sólo lleva para atrás, la escritura va hacia adelante", enfatiza el pastor, de nacionalidad haitiana, quien desde hace cuatro años tiene una parcela. Antes se dedicaba a cultivar tierras ajenas.

Pero, no todos podrán seguir con la escritura. Unos 15 estudiantes además de los dos que estudian medicina están en la universidad y 25 se encuentran en lista de espera. La organización no dispone de becas para todos y la mayoría de las familias no pueden costear los gastos.

Maritza Peña de Niños de las Naciones explica que Educación apenas paga cinco de los diez maestros que imparten docencia en la escuela básica, que alberga a 270 estudiantes.

La escuela fue construida y es mantenida por la asociación civil desde 1998, cuando se cumplió uno de los sueños de un batey donde algo ha cambiado, aunque la pobreza se imponga en los hijos de los braceros como antes en sus padres, trabajadores del azúcar.

Un hijo de Hilda, la alfabetizadora, es obrero y otro cursa el bachillerato y practica béisbol. Jusni Franciani, el marido de la maestra, un ex trabajador del ingenio, sueña con que su muchacho termine la universidad para que su familia empiece a dejar atrás la caña y el cemento.




La foto es de Pedro Jaime Fernández, salió publicada en Clave Diigital. Pueden ver la sesión de fotografías completa en este enlace.

miércoles, 28 de enero de 2009

El gran zapatazo nacional




En Ciudad Oriental, pueden encontrar detalles de la noticia. Ya saben que soy pacifista, sólo apoyo los zapatazos simbólicos. Si por casualidad ven a alguno de la foto, sólo enseñen el zapato. ¡No se pasen!

domingo, 11 de enero de 2009

¿Llegará mi carta?



Con tanto lío y tantas tristezas no había podido contarles mi encuentro cercano con el correo nacional, pero aquí les va.



RIAMNY.- Señora, ¿es que ya no pesan las cartas?, pregunté con seriedad, como una adolescente a una bibliotecaria, mientras le daba el dinero.

OFICINISTA. -Sí, joven, es que aquí se robaron la balanza. Cuando llegué esta mañana ya no estaba.




Siempre he tenido una idea romántica de las oficinas de correo. Cuando era adolescente me encantaba ver los sellos, los oficinistas que parecen encerrados en un mundo de secretos de enamorados y sí, ríanse, la balanza donde se pesan las cartas. En parte por esa fascinación envié varias cartas a una amiga de Tamayo y a un amigo que residía en Puerto Rico.

El pasado 30 de diciembre, fui, luego de años de ausencia, al lugar de mis nostalgias: necesitaba enviar una carta a España y llegué a la oficina de correo ubicada en la avenida 26 de Enero de Los Mameyes, en Santo Domingo Este, como quien regresa a la casa materna. Estaba ansiosa y feliz.

Por un momento todo fue como lo había imaginado… La oficinista taciturna, el silencio, los archivos…

Pero, una vez entregada la carta, espere unos minutos a que pusieran mi sobre en la balanza. No había balanza. Entonces, palabras más, palabras menos, la oficinista y yo tuvimos esta conversación:

OFICINISTA. -Son 55 pesos.

RIAMNY. - Señora, ¿es que ya no pesan las cartas?, pregunté con seriedad, como una adolescente a una bibliotecaria, mientras le daba el dinero.

OFICINISTA. -Sí, joven, es que aquí se robaron la balanza. Cuando llegué esta mañana ya no estaba.

RIAMNY . -Pero, ¿cómo se la robaron?

OFICINISTA. -No sé, parece que entraron los ladrones en la noche.

RIAMNY. -Ah, ¿y forzaron las ventanas?

OFICINISTA. -No vi nada forzado, pero esas ventanas son muy fáciles de abrir, usaremos la bóveda de ahora en adelante.

RIAMNY . -Ah…¿Por eso usted le estaba como tomando el peso a mi carta con las manos?

Ella asintió. Y me marché un poco desilusionada. Pensé que el gesto de alzar delicadamente la carta, era, no sé, parte de la atmósfera romántica del correo, no una necesidad impuesta por los ladrones.


P.D. Dedico este escrito al Instituto Postal Dominicano, con cariño. Y ruego al Señor que mi carta llegue a su destino.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Un artefacto misterioso apunta al mar





Diario de un ocioso

Panky Corcino

Los pescadores de playa Buen Hombre, en la costa de Montecristi, encontraron hace unos años un artefacto en el fondo del mar. Ociosos al fin, los pescadores vivieron una verdadera odisea para sacar aquel objeto negro del fondo del Atlántico. Los diarios publicaron algunas notas sobre el acontecimiento.

Las crónicas contaron que algunas embarcaciones sufrieron daños en el proceso de remolque de aquel objeto. La Marina de Guerra, creo que auxiliada por técnicos de la Embajada de Estados Unidos, se presentó al lugar para certificar que aquel objeto no era explosivo.

En Buen Hombre cuentan incluso que algunas personas, tan ociosas como los pescadores, llegaron a descargar sus armas de fuego contra el extraño objeto. Un simple gesto para poner otra pizca de magia a esta playa azul guardada por la naturaleza en medio de cerros cubiertos por bosque seco.

No cabe duda que somos un país maravilloso. Vivimos del turismo y la playa Buen Hombre es visitada con cierta frecuencia por vacacionistas nacionales y extranjeros. Pese a ello nadie se ha molestado, ni la Marina de Guerra ni la Secretaría de Estado de Turismo, en retirar este artefacto que sigue allí tirado, como un monumento a la ociosidad nacional.

jueves, 30 de octubre de 2008

¿Qué dirán las "madames y las doñases"?



-¡Madame, no sea ladrona!, dice, juguetona, una doña dominicana a una vendedora haitiana que quiere conseguir una sabana a mitad de precio.
¡No compra, no compra!, grita la “madame” molesta.
Luego, las mujeres discuten con acritud. Veinte minutos más tarde, llegan a un acuerdo: La sabana es vendida y la madame y la doña se despiden. Ya se sonreirán la próxima semana, en medio del bullicio del mercado de Tamayo, en la provincia Bahoruco.

Aquí las “madames” y las “doñases” son protagonistas del pequeño comercio y de la economía doméstica. Son diosas de las grandezas de lo cotidiano en este sitio que huele a orégano, a frituras, a ropa polvorienta y a sudor humano.

Por ellas dos culturas se encuentran. Entre los prejuicios y las barreras lingüísticas, se tejen amistades, historias solidarias, cariños extraños que trascienden los precios de las sábanas y de las habichuelas.

Ahora que en mi provincia a unos cuantos les ha dado por practicar la xenofobia, ahora que en Neiba, su capital, en ¡Neiba! un incidente en el que supuestamente un haitiano mató a un dominicano ha desatado una persecución contra sus compatriotas (me pregunto si también contra dominicanos de padres inmigrantes) tenemos que apelar a la sabiduría de las “madames” y las “doñases”.

Ellas hacen comercio y amistad, a pesar de los prejuicios. ¡Cuántas veces una doña no le llevó un vaso de agua a la madame! ¡Cuántas veces una madame no rebajó un producto, olvidando la lógica del comercio, para ser solidaria con una doña en apuros!

Yo, que crecí cerca de ese mercado, que soy hija de una doña que cuenta entre sus amigas a una madame encantadora, sé de lo que hablo. Estoy segura de que ellas no aprueban la barbarie que ha ocurrido en la provincia. No les he preguntado, pero sé que les duele que 500 haitianos fueran obligados a abandonaran sus casas por un delito que no cometieron. Inocentes perseguidos por xenófobos.

Les prometo que cuando vaya a mi pueblo, uno de estos días, entrevistaré a madames y a doñases para que nos cuenten lo que piensan de esta locura, de esta cobardía.

Imagen de: http://www.avveduto.com/

lunes, 27 de octubre de 2008

Sí, estamos hasta el aura de tanta porquería



Sólo puedo decir corroboro, corroboro.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Uvilla queda parcialmente incomunicada



(Señores, las lluvias han dejado tragedias. Gente que perdió casas, agricultores que quedaron sin cosechas y sin tierras. No nos olvidemos de ellos. Les dejo con esta nota de Claudia Fabián que nos recuerda las dificultades que enfrenta la comunidad de Uvilla)


Claudia Fabián Pineda*

Tamayo, Bahoruco. El trayecto Uvilla-Tamayo ha quedado prácticamente incomunicado debido a que el río Yaque del Sur se ha llevado la mitad de la carretera. El síndico de Uvilla, Samuel Ramírez Matos, informó este viernes que se ha prohibido el paso de vehículos por la zona para evitar accidentes.

Según las autoridades de ese municipio el cauce del río Yaque del Sur se desvío desde la tormenta Noel, situación que ha provocado desde entonces la pérdida de más de 1000 tareas.

Hace más de dos semana que los moradores de Uvilla viven una situación del temor, debido a que el río amenaza con dejarlos incomunicados.

Tanto el síndico como miembros de la defensa civil, aseguran que la solución es la construcción de un muro y la canalización del río, para evitar que Uvilla sea inundada y se pierdan vidas humanas.

En el lugar del hecho se encuentran una amplia comitiva de los miembros de la defensa civil, comités comunitarios de emergencia y la red de alerta temprana de Visión Mundial, trabajando para evitar que las personas se acerquen al lugar.

*Claudia Fabián es periodista, trabaja en la red de alerta temprana de Visión Mundial y en Radio Enrquillo.

(Linda Valdez ofrece información actualizada sobre el tema en Clave Digital)

miércoles, 24 de septiembre de 2008

La niña Masiel Ramírez murió

Por Lisette Rojas
Lamentamos comunicarles que la niña Luz Massiel Ramírez Turbí falleció ayer después de la operación a corazón abierto que le practicaran con la finalidad de corregirle un problema congénito que padecía.
Su madre Santa Turbí y su padre Beato Ramírez agradecen a todas las personas e instituciones que colaboraron para conseguir los 797 mil 977 pesos que costaba la operación en el Hospital Metropolitano de Santiago.
El sepelio tuvo lugar en la Sociedad Madre y Amiga de los Pobres, en el sector África, de Arroyo Hondo II, donde reside la familia. Los restos de la niña de cuatro años fueron sepultados a las once de la mañana en el cementerio de Arroyo Hondo.
Cientos de personas se presentaron al lugar para darles el pésame a los familiares que, aunque consternados, aprovecharon la oportunidad para agradecer a la gran cantidad de gente que respondió al llamado de ayuda que se hizo a través de los medios de comunicación, con la ayuda de los periodistas solidarios.
Pese a su dolor, el padre contaba cómo lo llamaban los periodistas y gente desconocida, de buenos sentimientos para saber sobre la evolución de la niña.
"Una señora me llamó de otro país y me dijo: "Ya tenemos 30 mil pesos reunidos. No se preocupe, que nosotros no vamos a descansar hasta que usted tenga el dinero para operar a la niña. También hay dos periodistas que me llamaban todos los días para saber de ella. Pero se hizo la voluntad de Dios", recordaba llorando el padre.
En ese sentido, la familia agradece a Martha Kelly, en Listín Diario; al equipo de El Gobierno de la Mañana, a la Lotería Nacional, a Judith Leclerc, Remolacha.net, Yvonny Alcántara, de Diario Libre; al equipo de Siete Días, a Petra Saviñón y Llenis Jiménez, del periódico Hoy; Juan Julio Gómez, en El Caribe; el equipo de Dominicashoy.com, a Diariodigital.com.do, laveraddominicana.wordpress.com, ferzvladimir.blogspot.com y todos los blogs y páginas que se hicieron eco de la situación.

Sus agradecimientos van también para los donantes de sangre que se presentaron en el hospital, para el equipo de seres humanos valiosos que se formó en Estados Unidos y otros países, que además de aportar dinero, siempre llamaban a la madre y al padre para ver cómo evolucionaba la niña y saber si hacía falta más dinero y a aquellos que reenviaron el correo y la información e hicieron donaciones anónimas.

La familia se acoge a la voluntad de Dios que, reconoce, es soberana.
.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Esperanza a lo Sabina



Yo no sé si usted es optimista o pesimista, esa discusión está muy buena para las crisis existenciales y las divagaciones filosóficas de cada cual. Pero, he llegado a la conclusión de que lo ético es actuar.

Entre las inundaciones de El Peñón de Barahona, donde las víctimas sobreviven en el lodo, abandonadas como si no vivieran en este mundo; la muerte de un niño en la cordillera por falta de asistencia médica y la crisis que amenaza con aplastarnos, los dominicanos no tenemos muchas razones para el optimismo. Sin embargo, no podemos quedarnos sentados en casa, rascándonos la barriga.

¿Es que estamos locos? Hay familias en el lodo y nosotros aquí, “hablando de la infinita levedad del ser”.

Los que sepan escribir que escriban, los que sepan protestar que protesten y los que tengan la posibilidad de ayudar directamente que ayuden. Pero la indiferencia, jamás.
Soy una pesimista enemiga de la inacción.

A los que tienen ganas de cortarse las venas por sus tragedias domésticas o a aquellos que no soporten la maldad en el mundo y quieran encerrarse en una tasa de cristal, que vean el video de Sabina, se tomen una fría, se sequen las lágrimas y bajen el lomo.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Aguaceros ponen en riesgo a Tamayo, Uvilla y el Jobo

Residentes en el municipio de Tamayo han empezado a sufrir los efectos de las lluvias que dejó a su paso el huracán Ike, a pesar de que el río Yaque del Sur-que representa el mayor peligro para esta localidad- no ha penetrado al pueblo. Varias casas han empezado a inundarse y al menos dos familias se vieron forzadas a refugiarse en una residencia vecina. Otras se mantienen a la expectativa para abandonar sus hogares en cualquier momento.

Las lluvias iniciaron a las 4:00 de la tarde y hasta las 11:00 de la noche de este domingo el aguacero no había parado, un hecho inusual en esta localidad aun durante la temporada ciclónica.

El aguacero ha afectado, además, a las comunidades de Uvilla y el Jobo, que también son vulnerables a las crecidas del Yaque del Sur.

lunes, 4 de agosto de 2008

Los “morenos” y el guardia insobornable


¡Ya me extrañaba ver a un guardia tan difícil de sobornar! Estuvo a punto de convencerme. Con su gorra del G-2 (inteligencia militar), su cara de hombre duro, incorruptible, sus maneras de ogro…por un momento pensé que, al menos, era un monstruo coherente. ¡Pero qué va!

El domingo pasado estuve de paseo por el Sur y de regreso a la Capital, en el puesto de control de la provincia de Azua- durante la tradicional revisión en busca de haitianos ilegales- el militar pidió, como de costumbre, “la cédula de los morenos”.

Algunos “morenos”, no se sabe si haitianos, descendientes de haitianos o dominicanos negros sin ascendencia conocida, carecían de documentos o no los portaban.

Entonces se arma la del “no te menees” porque el guardia no quiere tomar RD$200 devaluados duartes y “dejar eso así”.

Los pasajeros se desesperan. Un hombre dice: ¡Cobrador habla con el guardia que lo que quiere es cuarto!
-¡Morenos bájense!, responde otro
-¡Morenos no se bajen, que son unos abusadores! , grita una doña
-No te bajes coño que ese guardia es malo y abusador, subraya una jovencita para dar ánimos a una “morena” que va a su lado.
Y el cobrador también se desespera: ¡Moreno habla con ese hombre!, le dice a uno de los pasajeros.

El hombre sale de la guagua. Conversa con el militar y aumenta sus argumentos. Los duartes, llenos de sudor, lo convencen de que no hay que exagerar y le da un chance al chofer, al cobrador y a los supuestos haitianos o a los negros dominicanos.

La guagua por fin arranca y como testigo silencioso del estigma hay un niño negro, posiblemente dominicano, hijo o nieto de haitianos, al que más de un pasajero se ha referido como “el petisito”.

Es un niño silencioso. No dijo ni una palabra cuando el guardia lo señaló. No se molestó con una señora que intentaba hacerse la graciosa: resaltaba una y otra vez que el niño era prieto como el cobrador.

El pequeño se limitó a dar las gracias a una doña que le ofreció restos de comida por sugerencia de un joven al que le daba pena el "morenito". ¡Ojalá que no sea guardia! pensé.

Imagen tomada de: http://blogcindario.miarroba.com/

martes, 19 de febrero de 2008

La cédula de “los morenos”


De tanto sufrirlas, los pasajeros de las rutas Suroeste-Santo Domingo nos hemos acostumbrado a soportar las necedades de los guardias de puestos de control que, salvo honrosas excepciones, sólo controlan su negocio particular.

Todos sabemos el procedimiento. Piden la cedula a “los morenos”-haitianos en el lenguaje despectivo de los militares- y esporádicamente gritan: “vamos a revisar los bultos”. Total, que casi nunca se entregan documentos y el cobrador de la guagua, para evitar las molestias a los pasajeros y la pérdida de tiempo, se transa con la autoridad correspondiente y el chequeo queda en el olvido.

Pero, de vez en vez, “los morenos” tienen que mostrar sus documentos y- ¡oh sorpresa!-los guardias confunden a algunos dominicanos con “morenos”, lo que nos hace sufrir la típica discusión que inicia con alguna de estas frases: “tú me ves cara de haitiano”, “más haitiano eres tú”.

El pasado domingo, de regreso a la capital, sufrí la escena en el puesto de control de Azua, mientras viajaba en una guagua de Neyba. En esta ocasión, el guardia de turno olvidó incluir la palabra “moreno” en la introducción de la payasada habitual.

Se limitó a decir: “Denme la cédula”, a lo que una mulata con más leche que café y unas curvas voluptuosas respondió indignada que ella no le entregaba su cédula a nadie. El guardia, un mulato con más café que leche, de una ignorancia indigna de su belleza, respondió: “pero eso es a los morenos que le estamos pidiendo la cédula, tú eres rubia”.

Llovieron las carcajadas y las conversaciones sobre los matices de la piel que aquí tanto importan. La “rubia” dijo, como quien habla de un marciano, que ella había conocido a una haitiana blanca “que ni parecía haitiana”. Por supuesto, ningún “moreno” dominicano de los que participaba en la discusión se consideraba negro. ¿Trastorno colectivo de la imagen?

Para variar, ni la “rubia”, ni un italiano que iba en la guagua, ni “los morenos” tuvieron que entregar la cédula y por supuesto, a nadie le registraron su equipaje en busca de drogas, clerén, madera o algún electrodoméstico o alimento de los que llegan a Jimaní de contrabando para integrarse a la economía de subsistencia del Suroeste. ¡Hasta el próximo viaje!