domingo, 13 de enero de 2008

Sobre las pequeñas libertades


Riamny Méndez


Debemos tener una enfermedad colectiva que nos impide apreciar el sentido de la libertad. Le tememos incluso a las pequeñas libertades, a esas que nos permiten elegir caminos distintos en cosas tan sencillas como la forma de arreglarse o no arreglarse el cabello. Asusta cualquier pequeña diferencia en un miembro del rebaño.

Casi avergüenza hablar de algo tan personal y socialmente irrelevante (supuestamente) cuando hay personas que no tienen la libertad de elegir entre educarse o no, o cuando la libertad de algunos se reduce a escoger entre la orilla del río Ozama y una cañada de aguas residuales.

Por desgracia, el tema no es tan trivial como debería. He sabido, por anécdotas de algunas amigas, que a las mujeres nos pueden negar un empleo, como secretaria por ejemplo, por no desrizarnos el pelo con químicos.

Todas debemos tener las greñas desrizadas, nada de extravagancias. Las negras y mulatas debemos mantenernos aferradas al proceso químico que nos reafirma en nuestra belleza y fuera del cual no hay feminidad posible. ¿Les parece lógico?

La obsesión por la uniformidad también arrastra, y de forma más cruel, a los hombres. El pelo largo puede anunciar desde la falta de virilidad del macho en cuestión, hasta una ficha en la policía por actos reñidos contra “la moral y las buenas costumbres”. Todo dependerá del oficio y lugar de residencia del varón al que se examine.

Supongo que a ellos-como a mí, que llevo el cabello crespo- y a otras mujeres que lucen diferente, gente conocida y desconocida le pregunta sobre las “profundas razones” por las que han tomado esa “dramática” decisión.

No tengo una respuesta inteligente, a tan trascendental interrogante. Se que algunas mujeres tienen admirables razones ideológicas, políticas, de identidad racial o religiosa para no desrizarse. Otras lo han hecho siguiendo, en algún momento, tendencias de la moda.

Debo confesar que, tal vez, soy filosófica, política e ideológicamente trivial y a la vez analfabeta en asuntos de la imagen.

Al dejarme el pelo crespo no quise ingresar a un grupo “fashion”, ni afirmar mi identidad de mulata –no tengo por qué alardear-, ni he pretendido luchar contra la industria de productos químicos.

Tampoco me he hecho militante de alguna religión que prohíba el desrizado, ni uso el cabello crespo como insignia feminista.

Sé que hay una extraña asociación entre las preferencias sexuales y el pelo, aunque supongo que en este país la mayoría de lesbianas también se alisa y casi todos los homosexuales llevan el cabello corto. Descubrir las preferencias sexuales de los demás parece ser otra de nuestras “trascendentales misiones”.

Diré que me dejé el cabello crespo como un pequeño acto de libertad personal, motivada, tal vez, por una tendencia a la sencillez y porque me gustan los rizos.

Pero, como he notado tanta resistencia a aceptar una respuesta tan simple, me he ocupado en preparar algunas, si no profundas, al menos, estratégicas.

Cuando alguna amiga o algún familiar me pregunte el por qué, o me aconseje con cara de quien intenta llevar una oveja por el buen camino, le diré con expresión de tristeza que soy alérgica a tan maravilloso proceso.

Lo mismo podré decirle a posibles empleadores, sobre todo a las mujeres, pues supongo que así me ganaré su solidaridad por sufrir de esa grave enfermedad.

Para los desconocidos, tengo una respuesta disparatadamente desconcertante. Les diré, y pido disculpas y un poco de humor a los partidarios de cualquier ideología que pudieran sentirse ofendidos, que esa decisión es producto de un pensamiento anarquista comunista que pretende, sin embargo, incluir en su causa a la izquierda, la derecha y el centro para vencer la estupidez.

Tal vez esa respuesta haga que su curiosidad se dirija hacia algo importante-como las casas a orillas del río o el calentamiento global- y deje que cada quien viva, tranquilamente, sus pequeñas libertades.


Imagen tomada de ritualesnaturales.wordpress.com, a través de google.com


3 comentarios:

Marie dijo...

Bravo Riamny, me encantó esta entrada. Yo también llevo mi pelo al natural, rizo, simplemente porque así lo quiero llevar, porque me gusta más. A mi también me han hecho la pregunta de por qué tomé esa decisión y hasta me han recomendado desrizarme. Por suerte, poco me importa lo que la gente diga o piense sobre este aspecto, y para mayor suerte todavía, la propietaria del salón que visito en Santo Domingo es una buena amiga que me recomienda los productos adecuados para el tipo de mi pelo y la cual me dio todo su apoyo cuando decidí dejar de desrizarme, sabiendo incluso que se arriesgaba a perder una clienta.

María Ovalles

Riamny dijo...

María, gracias por escribir. Mi opción ha sido tomar las cosas con un poco de humor. Afortunadamente no trabajo en un banco, aunque tal vez no podría trabajar aunque quisiera, ya sabes, por eso de que "ellos las prefieren rubias" y como por aquí no siempre aparecen se conforman con las "lavaditas".

Anónimo dijo...

Riamny, excelente, excelente artículo. En España lo tenemos un poco más fácil, ya que aquí es una respuesta lógica y perfectamente razonada la que sigue: "Porque sí" o, en su defecto, "Porque no". "Lo mismo pasa con "Porque me apetece" o "Porque no me apetece". Algunos ejemplos: "¿Por qué te has dejado tu pelo natural?" Respuesta: "Porque sí/ Porque me apetece". "¿Quieres venir al cine?" Respuesta: "No". Y si insiste: "¿Por qué no?" "Porque no me apetece". Y nos quedamos tan satisfechos. Un abrazo,
Laura