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sábado, 1 de mayo de 2010

Por el derecho a besarse (a la francesa) en los parques



Si la Policía dominicana arrestara tantos delicuentes como besos interrumpe, sería la institución más eficiente del Estado. No hay parque, tal vez sólo el Jardín Botánico, en el cual los hombres de gris no se dediquen a promover la castidad de los labios, a interrumpir las caricas de adolescentes que aprenden a quererse.

Mis amigos, mis amigas y yo, fuimos víctimas de la odiosa persecusión cuando éramos jovencitos. Tenemos historias de besos interrumpidos en la avenida España, en la calle Las Damas de la Ciudad Colonial, en el Faro a Colón, en el parque Independencia, en el Mirador Sur...

Ahora nos reímos de esas anécdotas. Pero, sufrimos ante la idea de que pudieran arrestarnos y llamar a nuestros padres por "atentar contra la moral y las buenas costumbres". Temblamos ante la presencia de los hombres de gris, que sin embargo, nunca se han alarmado porque un civil exhiba una pistola en plena calle o porque una persona tire basura en la vía pública.

Tampoco se alarman por los machos armados, las vecinas voyeristas que desde las ventanas se escandalizan ante los besos de la "juventud perdida". Y si hieren castas sensibilidades la lengua que se extiende por otra boca, la saliva traspasa el labio, las manos inquietas en busca de las tibiezas del otro cuerpo; traen lágrimas las balas que hasta por accidente rompen cabezas y destruyen vidas.

LLevando las cosas al extremo, las caricias en los parques tienen algo en común con las procesiones de Semana Santa y otras manifestaciones religiosas en el espacio público: a mucha gente no les gustan. Pero, tanto lo uno como lo otro debe ser tolerado por quienes no pueden disfrutarlo.

En democracia, todos debemos soportar algunos feos espectáculos que hieren nuestra estética y en ocasiones hasta nuestra concepción del mundo, para tener derecho a dar los nuestros.

No me gustan las procesiones, pues prefiero las celebraciones religiosas serenas y a puertas cerradas, pero las tolero y no pongo mala cara cuando pasan por mi calle. Les ofrezco mi sufrimiento por los cantos desentonados a cambio de su asco y su moral herida por los besos en los parques. Sacrificio por sacrificio.

sábado, 20 de febrero de 2010

Digo que somos la “Generación Ninguno”




Tenemos, más o menos, entre 20 y 35 años. Estamos hastiados del sistema de partidos, de la injusticia, pero muchos no tenemos ni idea de cuáles alternativas existen para tener una República Dominicana menos mala, ni se diga un mundo mejor.

Estamos medio perdidos y lo reconocemos, peor sería si creyésemos tener la verdad absoluta. No atesoramos una gran propuesta para cambiar las cosas, pero aspiramos a encontrar alternativas en el camino.

No tenemos grandes líderes, soñamos con proyectos colectivos y casi ningún miembro de este grupo peculiar dice nosotros cuando quieren decir yo. La individualidad se reivindica con orgullo y sin vergüenzas. La uniformidad no nos gusta.

Los más entusiastas para la movilización social no han cumplido 25. Con frecuencia inician campañas como el rechazo a la construcción de una cementera en el parque nacional Los Haitises, desde diversos grupos sociales o políticos y el resto les apoya como puede.

Así que aquí los más jóvenes-con su grandeza y su inmadurez- son los maestros. Gracias a ellos de las quejas se pasó a la acción y adultos mayores de 40 que habían perdido la ilusión les apoyan.

Estos veinteañeros de clase media o de familias trabajadoras que han podido enviarlos a la universidad en el país o en el extranjero, a veces reivindican un pasado socialista, pero no están aferrados a la historia. Saben que Marx no usaba Twitter y que Cuba es un sistema en el mejor de los casos, bastante mejorable y en el peor reconocen que ya se volvió insufrible.

Un grupo de esos jóvenes promueve el voto por “Ninguno”, quieren que el señor “Ninguno” sea contabilizado por la Junta Central Electoral, que tenga su casilla como símbolo de rechazo al sistema, para probar que estos políticos ya no los representan.

Y por el momento este descontento es lo que mejor nos describe, por ello me atrevo a decir que tal vez en el futuro nos nombren “La Generación “Ninguno”, a propósito de este movimiento. La generación que quiere mejorar su sociedad pero no ha encontrado sus caminos, que se asocia en grupos de diferentes alternativas políticas pero que reivindica la solidaridad. Tal vez sea mejor encontrar muchos caminos para lograr nuestras metas, las vías únicas con frecuencia terminan en sangre y odios.

Sobre el proyecto del señor Ninguno hay opiniones encontradas: que los muchachos inmaduros promueven una situación que puede terminar en un vacío de poder peligroso, que no proponen alternativas viables, que sólo expresan su descontento y que no entienden lo que le costó a este país tener derecho a escoger a sus representantes.

Entiendo estas inquietudes, pero creo que los que así razonan tampoco tienen más alternativas que mantener esta inercia, esta tristeza de pobreza debajo del puente.
Además, esto sólo servirá para darles una lección a los partidos, para decirles que un grupo de gente los castiga, con la esperanza de que, tal vez, sus líderes recapaciten.

Nunca he votado y lo digo con orgullo, soy de las menos jovencitas de la “Generación Ninguno”, como la llamo yo, sin permiso de nadie y a riesgo de que el nombre moleste a los que se sienten políticamente más comprometidos.

Agradezco todas las libertades que muchos han conseguido para mí, ahora hago uso de ellas: votaré por el señor Ninguno y diré lo que me de la gana.

Gracias a los viejos líderes que lucharon por la libertad, puedo rebelarme contra el sistema. Los mejores de ellos no me pasarán factura por no marcar una casilla.

Nota. Gracias al esfuerzo de los ecologistas y los grupos juveniles,no se construyó la cementera que afectaría una de las fuentes de agua más importantes del Caribe.

P.D. Parte de los jóvenes de la “Generación Ninguno” no está interesada en cuestionar, no le interesa para nada la política, ni siquiera para oponerse a los políticos. De ellos hablaré luego.

sábado, 3 de octubre de 2009

DESOBEDIENCIA CIVIL


Soy una isleña sin mar. Nuestros congresistas han decidido que los dominicanos que no paguen a un hotel, no podrán disfrutar de las playas. El derecho al uso de la playa termina donde comienza el interés económico de los hoteleros.

"Los ríos, lagos, lagunas, playas y costas nacionales pertenecen al dominio público y son de libre acceso, observándose siempre el derecho a la propiedad privada", dirá nuestra-digo su constitución- porque yo me declaro en franca desobediencia civil contra ese mamotreto que el presidente Leonel Fernández y el presidente del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), Miguel Vargas han armado.

Los senadores y diputados también decidieron consignar en la Constitución-que tendrá el tamaño de una casa, porque en ella han puesto de todo-que una mujer no puede abortar aunque su vida corra peligro, que los homosexuales y las lesbianas no tienen derecho a legalizar sus uniones, que yo no puedo llevar ante la justicia un recurso de inconstitucionalidad a menos que el tema me haya causado perjuicio de manera directa. Tampoco podré promover un referendo para quitar de su cargo a quien no me represente bien.

En fin, que poco a poco, me están convirtiendo en una ciudadana sin derechos, es decir en una no-ciudadana. No siento ya el deber de votar, de hacerle juego a este sistema que me ningunea y que nisiquiera representa la opinión de las mayorías.

Mi país es una piscina inflable. Sólo allí tendré derechos y deberes. Conciudadanos renacuajos, bienvenidos a esta república libertaria. Aquí hay júbilo. En la República Dominicana estamos de luto.

Caricatura de Harold Priego, publicada en Diario Libre.



jueves, 17 de septiembre de 2009

Nosotros, arameos errantes que despreciamos a los samaritanos





“Y al extranjero no engañarás ni angustiarás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto” (Éxodo 22,21). 1


“Dios sabe, Dios va a ver las verdades” dice un obrero haitiano, de esos que trabajan por salarios de miseria (RD$200 la jornada) en las construcciones que han hecho crecer nuestra ciudad. Testimonios de sus voces y sus cuerpos en la construcción están plasmados en un reportaje multimedia del fotorreportero Roberto Guzmán.

Si creyera en una justicia divina capaz de castigar a un pueblo, estaría aterrada, pues como los egipcios fueron ahogados en el Mar Rojo, así seríamos nosotros destruidos por consentir el abuso y habitar en casas y en apartamentos levantados con vejámenes y sufrimientos.

No creo en la justicia divina de ese modo. Tampoco parecen creer en la justicia divina, de ninguna manera, muchos dominicanos-incluso cristianos- que desobedecen una de las leyes bíblicas más humanas y hermosas: Tratar bien a los inmigrantes. “Y al extranjero no engañarás ni angustiarás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto” (Éxodo 22,21).

Hace dos años un haitiano me contó cómo había sido estafado por un ingeniero, que le obligó a trabajar y luego lo denunció ante las autoridades porque no tenía sus papeles en regla. Logró escapar del ingeniero y de las autoridades. No tenía dinero, ni casa. Estaba acorralado y solo.

La historia del empleador que abusa es una constante entre ellos. Aunque su dolor no es sólo por el maltrato de los patronos, que a fin de cuentas suelen abusar de todos los trabajadores en proporción directa a la necesidad que tengan del salario. Es, imagino, por esa soledad de no sentirse aceptado cuando se sube a la guagua y todos hablan de lo mal que va la vida, de los apagones, de los malditos trabajos y de alguna manera reciben y se dan apoyo, empatía y comprensión, mientras el inmigrante es aislado y despreciado.

Tratamos a los haitianos como supongo que trataron los judíos a los samaritanos, como escoria.Y oh ¡ironías de la vida! Como los judíos y los samaritanos, también tienen los pueblos de la isla una parte de su historia compartida.

¿Pero, saben qué? El fundador del cristianismo, un tal Jesús del que tanto se habla, los reivindicó en su condición de seres humanos y reconoció la bondad de uno de ellos, en aquella parábola del Buen Samaritano que ayuda a un viajero herido al que sus hermanos dejan abandonado. (Lucas 10, 25-37).

Jesús exalta la condición de “prójimo” del extranjero y deja claro que la relación de hermandad entre las personas está por encima de las convenciones políticas en las que nos agrupamos: estados, pueblos, tribus, grupos étnicos.

El propio pueblo judío es al fin de cuentas la historia de un grupo de inmigrantes en busca de futuro y prosperidad. El cielo no está en las nubes, es esa tierra prometida.

“Entonces hablarás y dirás delante de Jehová tu Dios: Un arameo a punto de perecer (un arameo errante en otras versiones) fue mi padre, el cual descendió a Egipto y habitó allí con pocos hombres y allí creció y llegó a ser una nación grande, fuerte y numerosa; y los egipcios nos maltrataron y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. Y clamamos a Jehová el Dios de nuestros padres; y Jehová oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión” (Deuteronomio, 26, 5-7).

El cristianismo del Nuevo Testamento es la continuidad de esa historia, pero la trasciende. Nos da la esperanza de que los valores de la solidaridad y la justicia traspasan las fronteras. El Reino no es de un pueblo, es de los hombres y las mujeres que “aman al prójimo como a sí mismos”.
Esta parte, digamos social de la Biblia, es la que con frecuencia olvidamos, detenidos en los detalles que no nos permiten ver las ideas globales de una historia universal, la historia de un grupo humano que pudo haber sido cualquier tribu africana o europea, americana o asiática.

Es la historia de un colectivo que también se construye a partir de historias personales concretas: reyes, sirvientes, profetas, mujeres prostitutas o profetizas o adolescentes embarazadas, pero también como no, de inmigrantes.

Hay gente que se aleja y que llega a Israel, como los chinos o los haitianos vienen aquí. Como Edwin mi hermano más pequeño que vive en Estados Unidos o Yaritza mi mejor amiga de la infancia que vive en España, como Peterson mi gran amigo de la adultez que también reside en Europa o Enrique, un tío que habita entre dos tierras: Santo Domingo y Nueva York.

A ellas y a ellos, a los que quiero entrañablemente, les deseo en su camino personas que traten bien al extranjero. Con ellos me siento inmigrante, extranjera en la tierra de Egipto y por tanto hermana de los extraños que llegan a la mía.

Soy biznieta de un español que como el arameo errante llegó al sur dominicano buscando futuro. Biznieta de africanos, como los israelitas, oprimidos en tierras ajenas. ¿Cómo no ver el dolor de mis hermanos?

Todos somos arameos errantes o podemos serlo. También los antepasados de los ingenieros y los empresarios que no les pagan a los obreros haitianos fueron arameos errantes.

Dios se ha ido, y ha dejado en nuestras manos la responsabilidad de evitar la opresión.

1. “Antigua Versión de Casiodoro de Reina (1569). Revisada por Cipriano de Valera (1602). Otras revisiones 1862, 1909 y 1960, Sociedades Bíblicas Unidas”

Foto de Roberto Guzmán, con la que tuve el honor de ilustrar mi reportaje El Cristianismo también se habla en creole.

miércoles, 22 de abril de 2009

El terrible secreto...un aborto


Yo, niña; ella, mujer joven. Éramos amigas y además parientes lejanas. Nos queríamos con ese cariño que es mezcla de ingenuidad y admiración. Mi amiga tenía unos 20 años.

Escuchando conversaciones tristes y discretas de los adultos supe que su panza se hinchó. Quizás asustada de la familia, del qué dirán, de esa incomprensión que siempre rodea la sexualidad de las mujeres, se dañó el cuerpo al intentar desembarazarse. Murió.

Me aventuro demasiado al citar las posibles razones que la llevaron a practicarse un “aborto casero”. Ella se llevó, al menos para mí, ese secreto a la tumba.

Con más comprensión, tal vez ahora estuviera viva. Con más comprensión y menos moral de pacotilla.

Sé que como ella, muchas morirán. Los legisladores decidieron que aunque un embarazo ponga nuestra vida en peligro, nosotras no tenemos derecho a decidir. Mejor muertas que pecadoras.

Nuestro país protege los fetos desde “la concepción”. Mi colega Santiago Almada dijo una vez, con ironía, antes de que se aprobara este despropósito contenido en el artículo 30 del proyecto constitucional, que la Carta Magna protegería la vida humana “desde la concepción hasta los intercambios de disparos”.

Muchos de los que quieren proteger el feto que pone en riesgo la salud física de la madre o el producto de una violación incestuosa, no tienen problemas en aceptar que se mate a supuestos delincuentes sin juicio previo.

Estamos en la Edad Media. Si una niña es violada y embarazada por su padre, tendrá a su hermano, al que puede dejar en la acera de la iglesia más cercana. Los curas, los pastores o las beatas lo cuidarán con cariño.

En lo que las iglesias se llenan de esos niños no deseados, envío un abrazo a la eternidad a mi amiga. Ahora que soy adulta, aunque pienso desde el corazón que nunca me haría un aborto, entiendo y respeto su decisión.

Si, Dios no lo permita, soy violada o mi vida peligra por un embarazo, y esto hace cambiar mi convicción, espero no verme, como ella, acorralada. Espero comprensión y respeto por mi dolor.

domingo, 8 de febrero de 2009

Nosotras, las lindas



Me encanta esta imagen, grabada en un separador de páginas de la talentosa Yulendys Jorge. Ella la ha nombrado Morenita Linda y yo se la dedico a todas las negras, mulatas, mestizas y en general a todas las mujeres que no creen en los estereotipos de belleza que dicta la moda cada cierto tiempo.

Morenitas lindas, como la que muestra esta imagen, hay en este país en cualquier esquina. Morenitas lindas que a veces, de tanto mirar revistas y programas donde sólo se muestra un tipo de belleza, de tanto oír el consejo de "adelantar la raza", se sienten feas.

Morenitas lindas que no han aprendido a mirarse al espejo y a descubrir su propia belleza. Morenitas lindas y tristemente a veces también jóvenes que aspiran a casarse con un hombre blanco, no por un gusto particular (para los gustos se hicieron los colores, sobre todo si de sábanas se trata) sino para seguir el consejo de la abuela, para traer un hijo al mundo con la piel menos negra.

Morenitas lindas que tendrán hijas, lindas y morenitas a las que harán sentir feas y la fealdad para una mujer, admitámoslo, no es lo mismo que para un hombre.

No importa cuánto éxito tengas en tu carrera o qué tan feliz seas con tu compañero o compañera, si te tildan de fea, sabes que al menos una puerta se te cerrará y si te crees el cuento, ni a tocar te atreves.

Y quien es linda o fea, lo decide el tiempo, el país, los prejuicios, la moda, la cultura y sobre todo, a qué grupo étnico se asocie el dinero y el poder y aquí la percepción es más importante que la realidad.

Curémonos de esa tiranía con un artículo de Solángel Valdez, publicado en Cayena y que ella ha titulado ¡Soy una mujer hermosa!

miércoles, 7 de enero de 2009

¿Qué hacer?






No compremos productos de Israel, mandemos un mensaje, los ciudadanos del mundo podemos actuar al margen de los Estados



Ante el espectáculo de niños ensangrentados, NIÑOS ASESINADOS, ante el dolor de mujeres heridas, de hombres heridos, luego de ser, además, parias de su propia tierra:

¿Cómo protestar? ¿Cómo decirle al Estado de Israel que no es justo? ¿Qué estas muertes sólo llevarán odio, que serán el preludio de otras muertes horrorosas, el vaticinio de una vida de miedo para los israelíes? Sí, Israel será, con el apoyo de Estados Unidos y la indiferencia de Europa y con nuestros silencios, Israel será un Estado rico y fuerte, pero eternamente asustado y envilecido.

Y que nadie justifique este absurdo con la estupidez del movimiento Hamas que tira cohetes (dicen que el equivalente a velas romanas) a Israel, en un momento de tregua.

La desproporción en el uso de la fuerza ante un pueblo asustado, sin instituciones fuertes, sin la posibilidad de organizarse, sin la posibilidad de tener una vida civil, es un intento de GENOCIDIO.

Es sembrar odios que generarán reacciones para justificar luego otras matanzas (después de todo esos salvajes no respetan la tregua, no respetan el derecho internacional, dirán los socios de Israel, cuando vuelvan a llegar los bombazos.) ¿Qué derecho humano condena a un pueblo a la desesperación, al hambre, a la destrucción cíclica y luego lo juzga por actuar con rabia y sí, con odio, ese humano sentimiento?

¿Qué hacer? Yo creo que nosotros podemos, por ejemplo, no comprar productos de Israel a menos que sea absolutamente necesario, a menos que se trate de medicinas. No se preocupen, los israelíes no morirán de hambre, los palestinos sí y además serán aniquilados por la guerra.

Que la imparcialidad no nos impida ver, entre las barbaridades de cada bando, donde están las víctimas.


P.D. Agradeceré mucho si personas que conocen de marca y comercio me ayudan a identificar los productos.

Foto: De la Agencia Efe, tomada de Diario Libre

sábado, 6 de diciembre de 2008

Ella, la diferente




Tengo una tía esquizofrénica. No, corrijo, tengo una tía que padece de esquizofrenia, como yo padezco de alergia, de amigdalitis o de cierta dificultad para interpretar los mapas, pero como no se nota, nadie me califica de tarada o eso creo.

Ramona es una mujer encantadora. Una persona amable, de esas criaturas incapaces de dañar a nadie: casi siempre dispuesta a hacer el bien: decente y colaboradora con su familia, sus vecinos y sus hermanos de la iglesia evangélica a la que asiste.

Tiene, como tenemos todos, defectos. De vez en cuando está malhumorada (defecto de familia, no de la esquizofrenia) y es, para mi gusto, demasiado militante de un protestantismo que quiere meternos a todos en el cielo, aunque muertos de miedo ante la posibilidad de ir al infierno. En fin, nada que no sea tolerable…ni demasiado raro en estos días.

La esquizofrenia, sin embargo, deja huellas: tics nerviosos por años de medicación, pérdida de ciertas habilidades con las manos, ligeras dificultades de coordinación que no la inhabilitan para hacer su vida en la casa o en la comunidad.

Por esas huellas, Ramona luce un poquito diferente del resto. Y por lucir “un chin distinta” he visto como algunas personas la miran y la tratan con desinterés, como si no fuera parte del grupo. Poca gente, debo decir, porque la mayoría de amigos y relacionados de la familia ha sabido apreciar sus virtudes, su bondad, su espíritu luchador.

En estos días he pensado en las personas que alguna vez han tenido el atrevimiento de discriminarla. He pensado que esas personas, a las que conozco bien, tienen “severas limitaciones” para relacionarse con otros o para sacar cuentas elementales de matemática básica, por ejemplo, aunque sean muy listas en todo lo demás.

Lo peor es que tienen dificultades graves, que Ramona no tiene, para aceptar la diversidad, para apreciar lo bueno que hay en cada persona y decir, a su estilo, cuando la gente tiene conductas o cualidades que ellas no comparte “A cada quien hay que quererlo como es”.

Sospecho que Ramona, que no es boba y tiene su inteligencia prácticamente intacta, de vez en cuando nota algún gesto desagradable y sonríe con esa nobleza suya que es a prueba de crueldades y de estupideces.

1. El video sobre mujeres con discapacidad física me ha parecido excelente. Todos tenemos alguna discapacidad: para caminar, para relacionarnos, para entender los idiomas o las matemáticas. El tema es no obsesionarnos con lo que nos falta, si no con lo que podemos hacer.

domingo, 9 de noviembre de 2008

El mundo avanza y nosotros retrocedemos

Hace unos años, de vista en Haití, observé el cuadro de una mulata de piel blanca que miraba un espejo y veía su imagen negra.

Los dominicanos representaríamos la escena contraria. Somos el pueblo mulato (abundan las pieles negras) que cuando se mira al espejo se siente blanco. Negros y mulatos aterrados con su propia imagen, engañados con la idea de que a fin de cuentas somos casi blancos, “indiecitos”, “lavaditos”, en fin… de ahí viene uno de los más terribles complejos nacionales, el de inferioridad.

Tal vez por eso los “más claritos” todavía van a Montecristo, una discoteca que ha sido denunciada por tener dueños estúpidos, porque a fin de cuentas ¿cómo se le puede llamar a una persona que juzga a otra por el color de su piel y no por sus actos?

Un video del Informe con Alicia Ortega
, reproducido por Clave Digital, muestra como en el centro de diversión, el color cuenta. Y digo yo, ¿no sienten vergüenza los “claritos” que pueden entrar? ¿No sienten vergüenza de estar en un lugar donde, posiblemente, le negarían la entrada a un amigo, a un vecino, a un hermano?

¿O es que, para colmo, estamos orgullosos de esa estupidez?

sábado, 8 de noviembre de 2008

Para reflexionar, el discurso de Martin Luther King




Los que lo habían visto, mírenlo otra vez. Es el espíritu de la lucha contra la discriminación que nunca debemos olvidar.Esto a propósito del triunfo de Obama.

jueves, 6 de noviembre de 2008

¿Y qué nos espera?

De vuelta a la realidad nacional, les dejo con mi periodista invitado

Por Tomás Aquino Méndez

La cantidad de oficiales, sub oficiales y miembros de instituciones armadas vinculados con casos de narcotráfico y delincuencia preocupa a muchos dominicanos.

La imagen que teníamos sobre cuerpos como La Marina de Guerra, de que estaba formada por hombres y mujeres transparentes, se nos borró.

El dato ofrecido por el jefe de la Policía en torno a la cantidad de 980 integrantes de esa institución que han sido cancelados por su vinculación a las drogas, extorsiones y actos de delincuencia, nos dejan perplejos.

Pero, si todo lo anterior es para ponernos los pelos de punta, la información que ofrecen los diarios y que hablan de un ex diputado encabezando una banda de asaltantes, es para que nos pongamos de cabeza.

No quiero pensar de forma prejuiciada. No doy como cierta la versión ofrecida por el jefe policial, sin embargo, el hecho de que esa versión se difunda es altamente preocupante.

Si al desorden en los cuerpos armados, se suma la presencia de ex diputados en bandas y a eso se le agrega que los actuales legisladores son acusados de recibir soborno, entonces, ¿QUE NOS ESPERA?

miércoles, 5 de noviembre de 2008

¿Y cuándo a nadie le importe?




La lectora, que se indentificó como Mela, ha escrito: “Soy blanca, mi ex es negro y mi hijo mulato. Cuando le llaman negro se olvidan del 50% de los genes que yo aporté”.




De todos los problemas del mundo, siempre me ha parecido curioso el “problema racial”. Si no fuera por las historias de esclavitud de comunidades formadas por personas negras, de la discriminación de grupos asiáticos y de blancos semitas; este “problema” daría risa.

Ya se sabe, los científicos lo han comprobado. Sólo hay una raza humana con distintos fenotipos porque a la vida y a la naturaleza les encantan la diversidad, las bellezas sorprendentes, los cruces espectaculares.

Ahora que Estados Unidos ha escogido a Obama, un presidente mulato (de padre negro y madre blanca) y estamos tan esperanzados en que “mejore” “el problema racial” que, para hablar claro, es el “problema cultural”, el “problema de educación de la sociedad” el “problema económico” de grupos humanos pisoteados por otros; leo el comentario de una lectora de el El País de España que me hace reflexionar sobre la importancia de estas discusiones sobre quién es un “negro puro” un “puro blanco”, un mestizo claro, oscuro, un mulato…un indiecito, un lavadito…

La lectora, que se indentificó como Mela, ha escrito: “Soy blanca, mi ex es negro y mi hijo mulato. Cuando le llaman negro se olvidan del 50% de los genes que yo aporté”.

Pensé que en parte tiene razón, que hay racismo en ciertos blancos que no se reconocen en un mulato, afanados por conservar una pureza que no existe porque todos somos mestizos.

Pero, luego me dije que habrá un cambio radical cuando “el tema racial” no nos importe en lo absoluto. Cuando en República Dominicana, por ejemplo, el cabello no sea “bueno o malo” y su arreglo sea sólo un asunto de estética personal, un tema trivial y no un detalle de vida o muerte para conseguir trabajo en un banco.

Porque, dígame usted, ya sabemos que el hijo de Mela es mulato, pero no sería más interesante saber si el hijo de Mela juega en el equipo de futbol del barrio, si le gustan las matemáticas o la literatura, si forma parte de una comunidad virtual de amantes de los unicornios para unirnos a su mundo loco….Pero, no. Sabemos que es un mulato, un dato del azar que nada nos dice sobre su persona y sin embargo y en el fondo, a muchos les importa tanto como el precio del arroz.

¿Y cuándo a nadie le importe si el hijo de Mela es mulato, blanco, negro o "amarillo"? El mundo habrá cambiado.

Foto: Obama, primer presidente "afroamericano" de Estados Unidos

sábado, 4 de octubre de 2008

Lavado de conciencia



Muchos puertorriqueños y dominicanos que -como yo- se acercan peligrosamente a los 30, conocen esta pieza de hip-hop, que también fue bien recibida por algunos que no son tan fanáticos del género, entre los cuales me incluyo.

Me animé a colocarla para expiar una pecado de pensamiento. El viernes estaba en Capotillo y me asusté cuando, de repente, se acercó a mí un joven con tatuajes (en actitud nada amenazante).

El muchacho pasaba por la acera y me faltó poco para correr (no lo hice por la compostura que se supone debe guardar un periodista mientras trabaja). Luego, pensé en lo irracional de la actitud.

Como nada es mejor para la buena conciencia que confesar el pecado, pues confieso que me asusté de su apariencia, que juzgué mal a un muchacho que caminaba hacia la motocicleta con la que se gana la vida.

Es bueno reconocer los síntomas del inicio de la enfermedad de la intolerancia a tiempo, para curarse. Lo peor es creerse inmune y argumentar a favor de una con ejemplos de actitudes y hechos del pasado.

Después de todo, hubo una época en la que jóvenes rebeldes dominicanos escribieron, como los franceses: “La imaginación al Poder” y ahora muchos de ellos ejercen el poder sin imaginación y apoyan redadas policiales en las que muchachos que cometen el pecado de verse diferente son encarcelados durante 24 horas en los destacamentos, mientras prueban su inocencia.

¡Que vergüenza! El joven de mi espanto no roba, no mata, no vende drogas, ni es un funcionario corrupto. Es sólo un chico al que le dio la gana de tatuarse.
Quise huir de él y, sin embargo, nunca he intentado huir de quienes apoyan la injusticia de que un hombre honrado vaya a la cárcel.

(Este es un paréntesis musical. Luego hablamos de las informaciones publicadas en la prensa sobre los consejos de las instituciones del Consenso De Washington al gobierno de Estados Unidos a propósito de la crisis financiera).

martes, 30 de septiembre de 2008

Somos ciudadanos del mundo, para las perdidas



Esta caritatura publicada en Rebelion me ha parecido tan genial que no pude resistir la tentación de compartirla con ustedes. Ilustra muy bien las consecuencias de la crisis financiera de Estados Unidos, y a nivel local, los desastres de las que nosotros vivimos con las quiebras de los bancos. Nacionalizar las perdidas e individualizar las ganancias. ¡Viva la apología del esfuerzo personal!

¿Quién es tan ingenuo para creer(como en la Trinidad) en el libre mercado de forma absoluta? La economía siempre es dirigida y nuestra prosperidad no depende sólo de nosotros. Tiene que ver con el entorno.

La moneda se devalúa por decisión de un gobierno, por presión de lobbies empresariales o por especulación oportunista. Y usted, usted mi amigo, que hace apología del esfuerzo personal, lo puede perder todo. Tal vez con lo que ahora compra una casa, podrá tener un chicle.

Y usted madrugador, pequeño empresario convencido de que los pobres son vagos que no quieren trabajar, puede convertirse en un mendigo porque su Gobierno y el lobby empresarial que influyó en una negociación determinaron que su sector tenía que ser sacrificado. ¡Será que no se esforzó lo suficiente! No, tal vez le faltó innovación, productividad o visión. Crea el cuento y siga leyendo libros de autoayuda para hacerse rico…

Por cada historia de éxito escrita en un informe, hay miles de fracasos. Y fracasa gente inteligente, emprendedora y entusiasta como usted, pero a ellos les dicen vagos improductivos. Conozco a personas fenomenales, madrugadoras y brillantes sin empleo ni capital. Pero, no lo entendemos. Tenemos el cerebro carcomido por el evangelio de la prosperidad y el mérito.

El éxito de una sociedad consiste en hacer pactos colectivos que eviten la injusticia sin limitar la libertad. Esa es la parte compleja. Por eso no me gusta que todo el poder se encuentre en manos del Gobierno, pero tampoco de los empresarios.

Al Estado siempre podremos exigirle, porque finalmente nuestros representantes necesitan votos y apoyo, pero un banco sólo necesita nuestro dinero y bien se ve que lo puede conseguir por las buenas o por las malas (con nuestros ahorros o con nuestros impuestos) y que por cierto, a veces no es tan eficiente. Pero, ocurre que cuando el Estado es deficiente nosotros criticamos y se privatiza. Cuando un banco es ineficiente, pues, como no somos tan malos, no lo dejamos solo, acudimos en ayuda del prójimo afligido…

Lo que más me llama la atención, a propósito de la crisis, es el cambio de lenguaje.
Ahora quienes siempre hablan de la competencia, quieren solidaridad. El presidente de Estados Unidos, George Busch nos ha llamado a todos ciudadanos del mundo. Yo me sentí halagada, imagínense, pensaba que era una ciudadana del submundo…

Si no fuera por el miedo que me da la crisis hasta habría comprado champaña para celebrar.

Les dejo una encomienda para un análisis que quiero hacer. ¿Podrían ustedes por favor ayudarme a encontrar noticias relacionadas con las opiniones de los organismos financieros sobre las medidas que ha tomado o que debe tomar la nación del Consenso de Washington?

Creo que será un ejercicio interesantísimo… Luego les cuento.

martes, 2 de septiembre de 2008

La Libertad de Internet




El colega Oscar Quezada tuvo la gentileza de llamarme para que le opinara sobre la propuesta de regulación de los blogs, impulsada desde el diario El Caribe. Como el espacio es limitado, no pudo colocar toda la información. Quiero compartir con ustedes lo que pienso. Estos son los párrafos que mandé a Quezada ayer en la tarde.

Internet es, sobre todo, un espacio de libertad. Los blogs muestran lo que ese medio, tan criticado a veces, es capaz de producir. Han cobijado las opiniones de grupos marginales, de quienes no encuentran espacio en medios de comunicación tradicionales en sus países. Generación Y, administrado por Yoany Sánchez, es un famoso blog cubano, que ganó el premio Ortega y Gasset. Un espacio muy crítico.
Hay ejemplos similares en Estados Unidos, Europa y el resto de Latinoamérica. ¿Qué hay cosas malas? Pues también, igual que en los periódicos, la televisión o la radio.

Creo que no hay necesidad de regular los blogs de manera particular. ¿A santo de qué? Existen leyes para defender el honor de las personas y otros delitos (y se aplican indistintamente al papel, a la red o a la calle). Hay incluso un departamento de la Policía especializada en delitos informáticos. No le veo sentido a la idea de una regulación especial.

Todo el que quiera debe tener un blog, sea un intelectual o un obrero. No hay que temerle a una de las formas más efectivas de libertad de expresión. (A veces estamos de acuerdo con la libertad de una forma abastracta, pero le tememos a su ejercicio) Creo que de ese universo saldrán cosas interesantes incluso para los medios de comunicación tradicionales, que ya in corporan blogs en sus ediciones de la red.

Imagen: Blog de Joan Guerrero

domingo, 31 de agosto de 2008

Gracias, señores radicales



Dedicado a mi gran amigo Vianco Martínez

¿Radical, yo? Respondí asombrada cuando alguien me señaló con el adjetivo mágico que en un país de anestesiados sirve para descalificar a todo el que ose reclamar de manera efectiva un derecho o no se sume a la manada.

¿Radical, yo? No, no creo. Si fuera radical habría lanzado una bomba sobre las oficinas de las compañías distribuidoras de electricidad que me cobran los apagones y para colmo, me hacen esperar durante 20 minutos si quiero reportar una avería.

No señores, soy moderada, moderadísima, casi más que el resto. Conciliadora y pacifista, hasta dónde puedo verme. En República Dominica es fácil ser considerado radical. Basta con tener un poco de decencia, otro poco de respeto al prójimo y ganas de reclamar los derechos.

En las empresas detestan a los radicales que se atreven a contradecir al jefe en asuntos tan estratégicos como ¡la esquina donde debe ir el florero! ¡Con razón son tan buenos los índices de competitividad de las empresas públicas y privadas de un país que no admite la libre confrontación de ideas!

Lo admitido es la verborrea, la adulación y las poses de radicales que a la hora de la verdad son tan moderados que sorprenden a los moderados habituales.

Radical es el empleado que exige un derecho, el consumidor que reclama un peso a la cajera, el ciudadano que pide buen trato en una oficina pública y que se niega a sobornar al burócrata de turno. Radical es quien mantiene una idea por más de 24 horas…

Pero, no hay de qué preocuparse. Radicales en República Dominicana (de cualquier tendencia) hay pocos. Nuestras ideas no son tan fuertes como para que un cargo no pueda comprarlas. Además, somos personas de bien…no queremos problemas. Por mantener la paz estamos dispuestos a dejarle el dinero a los supermercados, a soportar los apagones y a morirnos por falta de una aspirina en el hospital, si fuera preciso. ¡Si sobrevivimos, ya tendremos tiempo de tumbar al Gobierno en el colmadón!

Y sin embargo, yo, perteneciente al grupo de los moderados habituales, quiero dar gracias a ciertos radicales:
A radicales de ayer que dejaron el pellejo para que hoy tengamos al menos hospitales donde caernos muertos. A radicales de hoy que pelean solos por las causas que nos benefician a todos o que reclaman sus derechos y sientan un precedente.

Entre ellos quiero agradecer particularmente a un colega que le ha probado a los dueños del mundo que el dinero no es la medida de todas las cosas y que hay derrotas que son grandes victorias. Gracias Vianco.

Imagen: "Expulsión de los mercaderes del templo, según la interpretación de Giotto (siglos XIII-XIV)". Wikipedia.org

domingo, 10 de agosto de 2008

La privacidad, ese sagrado derecho

Me aterran las cámaras de seguridad. Son demasiado entrometidos esos aparatitos que todo lo graban en el trabajo, en la fila del banco y en las instituciones públicas que debo visitar.

Es una crueldad que registren el momento en el que- aprovechando la distracción del grupo- te hurgas la nariz o te rascas las nalgas.

En algunas ciudades del mundo existen cámaras en las calles. ¡Graban los besos de los enamorados y las manías más embarazosas de la gente! El anonimato de las esquinas ya no libera a los ciudadanos. A cambio de darles “seguridad”, les quitan privacidad.

Nos pueden intervenir el teléfono o leer la correspondencia que cite las penas más intimas- como en Estados Unidos- para justificar la “lucha contra el terrorismo”.

Insoportable es esta paranoia en cualquier lugar, pero Santo Domingo seria asfixiante con tanta vigilancia.

El atentado contra la privacidad estaría por todos lados, en una cultura que acompaña la solidaridad y el genuino interés en los demás, con la manía de entrometerse y comentar los detalles mas privados de la vida ajena.

Aquí los vecinos observan y conocen al dedillo los pleitos de familia y las desavenencias de las parejas.

Los amigos pueden hacer un panel sobre tus más profundas heridas-con especulaciones que espantan-, la familia comenta tu vida privada en animadas tertulias, sin que nadie se sonroje. Y las preguntas indiscretas de conocidos y extraños sobre tu vida sexual, tus tristezas, tus vicios y tus opciones de vida son más frecuentes que las críticas contra el Gobierno. (Creo que hemos aprendido a defendernos del bombardeo con respuestas simpáticas o convencionales).

¿Se imaginan que también el Gobierno se dedique a husmear en nuestras miserias?

miércoles, 2 de abril de 2008

El derecho a ser distraída y no ser asaltada

Asaltada por tercera vez, me niego a encerrarme en casa. Tengo derecho a transitar por la ciudad sin paranoia, sin cuidarme de las sombras y de los miedos. Recriminada por andar despreocupadamente en cualquier calle, reivindico el sagrado derecho a ser distraída.

Me niego también a dejar de visitar ciertas zonas de mi barrio o de la ciudad por menos exclusivas que sean. Abandonar los espacios por miedo es dejar de ejercer un derecho ciudadano y lo digo apenada y aterrada por el último asalto.

El lunes a las 3:00 de la tarde, andando muy distraídamente por una acera de la calle Real de Villa Duarte, camino a casa de un amigo, luego de un día perdido haciendo gestiones en bancos comerciales, un jovencito, creo que adolescente, me quitó la cartera o mejor dicho se la entregué, previa amenaza de golpearme.

El chico salió corriendo y subió a un motor donde lo esperaba otro jovencito. Así se dieron a la fuga, supongo que a esconderse en alguno de los callejones donde les ha tocado subsistir.

¿Qué hacer? De momento, yo seguiré visitando a mi amigo en su casa, en su calle, si el miedo me lo permite. ¿Qué harán ellos? Seguir robando, sobrevivir.

Aunque en principio tenía ganas de matarlos, ahora sólo siento pena por los pobres chicos. Debe ser duro asaltar como forma de vida. Peor para ellos si pueden dedicarse a otra cosa y sólo han aprendido a escoger lo peor. ¿Qué familias, que clubes, que amigos, que comunidades fallaron? ¿Qué islas de falsa seguridad estamos creando en una ciudad cada vez más excluyente?

He pensado que ellos y yo, al fin de cuentas, sólo somos víctimas de la ciudad.

domingo, 20 de enero de 2008

Jesús, ese laico rebelde


Riamny Méndez

Tengo una extraña relación con la iglesia Católica. Es de amor-nostalgia-indiferencia. La aventura de levantarme temprano, ponerme un vestido de domingo y asistir a la eucaristía con mi abuela es un recuerdo del tiempo en que era fácil ser feliz.

Ya saben, el tiempo en que todos los árboles son enormes, el cielo termina a dos cuadras de la casa, las pompas de jabón conducen irremediablemente a la luna, las sombrillas son instrumentos para volar y el mundo es ese espacio que te construyes con tu mejor amiga entre el patio de tu casa y el de la suya. El tiempo que termina cuando empiezas a ser sarcástica al escuchar un discurso sobre la moral.

En ese entonces no amaba a la iglesia, ni me era indiferente, más bien, me parecía un mundo fascinante donde el humo del incienso tomaba formas divertidas, los ritos parecían un juego de solemnidad y las personas eran serias durante una hora; y felices cuando terminaba la celebración. Entonces empezaban los abrazos y todos volvíamos a ser conocidos y amables.

La preadolescencia me llevó a una relación de amor. Un cura extraordinario, una hermana que se deja la piel en ayudar a los demás, una mujeres sencillas que parecen salidas de un cuento de bondad…. Así era en el tiempo en el que crees que lo comprendes todo y eres fuerte e ingenuo, pero empiezas a cuestionar.

La pasión llegó entre las clases de religión, de historia, los suntuosos ropajes de los obispos y algún amigo mayor, conocedor de la historia universal, el marxismo, la historia de la religión, la poesía y “el mundo”. Entonces me tocaba defender de sus ataques al cura extraordinario, a la hermana que se deja la piel, a las mujeres salidas del cuento de bondad.

Intentaba hallar respuestas entre lecturas desordenadas de historia, poesía, teología, filosofía, periódicos, historia de la religión y hasta en los libros de los testigos de Jehová, para debatir con un amigo culto, al que nunca, por supuesto, le di la razón. ¿O alguien concede la razón a algún mortal entre los 16 años y los 20 años?

Luego, te enteras de que el cura extraordinario a veces está atrapado en un cuento de horror y poder, que hay cardenales, obispos, oro, bancos e intereses y entonces, empiezas a cambiar el tema. En vez de religión, hablas de los amores eternos que duran 15 días, del país, del renacimiento, de la música de moda, de la universidad, de las pequeñas tragedias.

Sólo te alejas y empieza la indiferencia. Mantienes tus lazos con los amigos que han encontrado su camino en la “estructura”, ocasionalmente vas a una celebración, regularmente como “encuentro social”: bodas, bautizos primera comunión; o para juntarte con un grupo de gente querida después de misa...

Y en una de esas eucaristías, a las que se va por compromiso, como acto social o de nostalgia, un hombre extraordinario, que es sacerdote, como bien pudiera ser pastor protestante, arrebatado artista, trabajador social, misionero de la ONU en África o político honesto tratando de cambiar el sistema, me hizo quemar las nostalgias por la iglesia institucional.

Hablando sobre las vocaciones, el hombre dijo: “Jesús era laico”, léase no era obispo, cardenal, ni sacerdote y como no estaba asociado a ninguna orden religiosa, no tenía la obligación de ser célibe. En ese momento salí de la indiferencia.

Jesús, no ligado a una estructura religiosa, encontró su camino después de discernir sobre la justicia, el amor a los demás, las circunstancias históricas que le tocaron y por supuesto, su fe. Halló su vocación, que no es otra cosa que ese llamado a vivir de una determinada manera, hasta las últimas consecuencias, para mejorar el mundo. Lo demás es retórica.

Así que “Dios escribe derecho en líneas torcidas”. Su homilía no me reconcilió con la iglesia, pero, me recordó el verdadero significado, alegre y trágico de la libertad. Me renovó la fe en las personas y en la vida en comunidad. Logró que me pusiera las pilas y decidiera cambiar pequeñas cosas cotidianas y empezara a pensar en decisiones realmente importantes, más allá de salarios y reconocimientos. Incluso logró que recuperara parte de esa ingenua rebeldía de los adolescentes, que tiene potencial para cambiar el mundo.

Como hablando con mi amigo sacerdote no le di la razón, ni le dije el bien que le había hecho a un “alma descarriada” su sermón, y en vez de eso empecé a discutir sobre la iglesia institucional y otros temas pendientes, escribo este artículo para decirle: ¡Gracias por reconciliarme con mi propio camino y ayudarme a quemar una vieja nostalgia!

Imagen de: www.bible.claret.org/biblia/small%20paper.htm a través de Google.com

domingo, 13 de enero de 2008

Sobre las pequeñas libertades


Riamny Méndez


Debemos tener una enfermedad colectiva que nos impide apreciar el sentido de la libertad. Le tememos incluso a las pequeñas libertades, a esas que nos permiten elegir caminos distintos en cosas tan sencillas como la forma de arreglarse o no arreglarse el cabello. Asusta cualquier pequeña diferencia en un miembro del rebaño.

Casi avergüenza hablar de algo tan personal y socialmente irrelevante (supuestamente) cuando hay personas que no tienen la libertad de elegir entre educarse o no, o cuando la libertad de algunos se reduce a escoger entre la orilla del río Ozama y una cañada de aguas residuales.

Por desgracia, el tema no es tan trivial como debería. He sabido, por anécdotas de algunas amigas, que a las mujeres nos pueden negar un empleo, como secretaria por ejemplo, por no desrizarnos el pelo con químicos.

Todas debemos tener las greñas desrizadas, nada de extravagancias. Las negras y mulatas debemos mantenernos aferradas al proceso químico que nos reafirma en nuestra belleza y fuera del cual no hay feminidad posible. ¿Les parece lógico?

La obsesión por la uniformidad también arrastra, y de forma más cruel, a los hombres. El pelo largo puede anunciar desde la falta de virilidad del macho en cuestión, hasta una ficha en la policía por actos reñidos contra “la moral y las buenas costumbres”. Todo dependerá del oficio y lugar de residencia del varón al que se examine.

Supongo que a ellos-como a mí, que llevo el cabello crespo- y a otras mujeres que lucen diferente, gente conocida y desconocida le pregunta sobre las “profundas razones” por las que han tomado esa “dramática” decisión.

No tengo una respuesta inteligente, a tan trascendental interrogante. Se que algunas mujeres tienen admirables razones ideológicas, políticas, de identidad racial o religiosa para no desrizarse. Otras lo han hecho siguiendo, en algún momento, tendencias de la moda.

Debo confesar que, tal vez, soy filosófica, política e ideológicamente trivial y a la vez analfabeta en asuntos de la imagen.

Al dejarme el pelo crespo no quise ingresar a un grupo “fashion”, ni afirmar mi identidad de mulata –no tengo por qué alardear-, ni he pretendido luchar contra la industria de productos químicos.

Tampoco me he hecho militante de alguna religión que prohíba el desrizado, ni uso el cabello crespo como insignia feminista.

Sé que hay una extraña asociación entre las preferencias sexuales y el pelo, aunque supongo que en este país la mayoría de lesbianas también se alisa y casi todos los homosexuales llevan el cabello corto. Descubrir las preferencias sexuales de los demás parece ser otra de nuestras “trascendentales misiones”.

Diré que me dejé el cabello crespo como un pequeño acto de libertad personal, motivada, tal vez, por una tendencia a la sencillez y porque me gustan los rizos.

Pero, como he notado tanta resistencia a aceptar una respuesta tan simple, me he ocupado en preparar algunas, si no profundas, al menos, estratégicas.

Cuando alguna amiga o algún familiar me pregunte el por qué, o me aconseje con cara de quien intenta llevar una oveja por el buen camino, le diré con expresión de tristeza que soy alérgica a tan maravilloso proceso.

Lo mismo podré decirle a posibles empleadores, sobre todo a las mujeres, pues supongo que así me ganaré su solidaridad por sufrir de esa grave enfermedad.

Para los desconocidos, tengo una respuesta disparatadamente desconcertante. Les diré, y pido disculpas y un poco de humor a los partidarios de cualquier ideología que pudieran sentirse ofendidos, que esa decisión es producto de un pensamiento anarquista comunista que pretende, sin embargo, incluir en su causa a la izquierda, la derecha y el centro para vencer la estupidez.

Tal vez esa respuesta haga que su curiosidad se dirija hacia algo importante-como las casas a orillas del río o el calentamiento global- y deje que cada quien viva, tranquilamente, sus pequeñas libertades.


Imagen tomada de ritualesnaturales.wordpress.com, a través de google.com